Traducción "Israelis shocked by racist football chants bringing shame to a once proud team" (The Guardian - Harriet Sherwood)
Los restos de trofeos se amontonan en un despacho ennegrecido por las llamas. En la mesa, un tarro lleno de dulces, todavía envueltos en papeles de colores, se funde en un demoledor escenario. Los fotógrafos se dispersan por la sala carbonizada entre camisetas de fútbol chamuscadas.
“Todo se ha ido, nuestra historia se ha ido” dice uno de los miembros del equipo mientras recoge pedazos en bolsas de plástico. Se para a encender un cigarrillo y ladea su cabeza consternado. Los recuerdos de 77 años de historia del club de fútbol de Jerusalén se han esfumado.
El incendio se produjo a las 5 de la mañana del viernes en las instalaciones del Beitar y, probablemente, comenzó al lanzar material incendiario por la ventana, situada frente a las gradas. La Policía confirmó que se trata de un incendio provocado. “Estamos tratando de establecer conexiones entre este hecho y las recientes decisiones del club”, dijo el portavoz Micky Rosenfeld.
Se refería a los cánticos entonados el pasado mes referidos a dos jugadores chechenos, un movimiento que ha generado la radicalización y expansión del racismo entre los seguidores del equipo. El problema no es que los jugadores sean chechenos, es que son musulmanes.
El Beitar es el único club israelí que jamás ha contratado a un jugador árabe, presenta una extensa historia a favor del racismo entre sus fans, cuyo cántico preferido es “Muerte a los árabes”. Antes de la llegada de Gabriel Kadiev y Zaur Sadayev, así se llaman los jugadores chechenos, varios partidarios del equipo mostraron la siguiente pancarta: “Beitar siempre pura”.
Desde que se unieron al club, los dos jugadores han sufrido abusos verbales y han sido escupidos. Han tenido que entrenar bajo protección policial y con la presencia de guardias de seguridad. Estos seguidores del Beitar –uno de ellos ya está arrestado- aparecieron con una camiseta que ponía “Mohammed está 100% muerto”.
El propietario del Beitar, Arcadia Gaydamak, evitó ceder ante esta presión. “En lo que a mí respecta, no hay diferencias entre un jugador judío y otro musulmán”, aseguró. Su postura, sin embargo, no fue apoyada por el entrenador, Eli Cohen, quien estableció una distinción entre musulmanes europeos y árabes, diciendo: “los fans tienen un problema con los árabes de Oriente Medio”.
La condena del comportamiento de los seguidores del Beitar ha sido rápida y severa. El Primer Ministro, Binyamin Netanyahu, dijo el viernes que el incendio provocado es vergonzoso, añadiendo: “El pueblo judío, que ha sufrido boicots y persecuciones, debería ser una luz para otras naciones”. A su protesta se suma también el manager del Beitar, Itzhik Kornfein, quien no dudó en realizar estas declaraciones a la radio de Israel el viernes: “Esto ha ido más allá de los límites deportivos y esto tiene consecuencias para la sociedad israelí”.
Además, el Presidente Shimon Peres afirmó que la nación está impactada y Ehud Olmert, un fan del Beitar desde hace más de 40 años, aseguró que no asistiría más al campo debido a la conducta de los aficionados. “Últimamente esto es un tema que nos concierne a todos. O eliminamos a este grupo de racistas de nuestro terreno de juego o nos convertimos en ellos. Hasta que eso ocurra, no volveré a los partidos”, escribió.


La Asociación de Fútbol Israelí impuso una multa de 50,000 shekels (£8,595) al club por los eslóganes racistas de sus fans y ordenó el cierre de la zona este del estadio durante cinco partidos, lugar donde se congregan los seguidores radicales. Algunos han valorado estas sanciones como inadecuadas.
Ahmed Tibi, miembro del parlamento palestino-israelí también es insultado cada vez que pisa el campo: “Cada vez que voy a un partido del Beitar, me dicen ‘Ahmed Tibi es un terrorista’ y otras cosas ofensivas”. Describe al Beitar como “el club más racista del mundo. Ningún otro club prohíbe jugadores de otras etnias”.
Dentro de los seguidores, destaca un grupo de extremistas conocidos como “La Familia”. El grupo, creado en 2005, se dedica a realizar sonidos de monos a los jugadores negros y a entonar cánticos anti-islámicos y anti-árabes durante los partidos. Un día después de la llegada de los jugadores chechenos, uno de los miembros de La Familia dijo: “Soy un racista. Odio a los árabes… Si vienen musulmanes, los fans quemaremos el club. Eso no puede ocurrir. Árabes y Beitar de Jerusalén no se mezclan”.
“Son estúpidos. Son un número muy pequeño, como una mafia, pero tienen una gran voz”, dijo Yaniv Pesso, club supporter, quien recalcó que deporte, política y religión deberían no ser mezclados. “No me gustan los musulmanes, pero el deporte es el deporte”.
Sin embargo, el caso del Beitar no es aislado. En Israel, los clubes de fútbol siempre han estado asociados con partidos políticos y movimientos, y Beitar está alineado con la derecha nacionalista. Su nombre fue ligado a un movimiento sionista de los años 40, un partido de derechas fundado por Menachem Begin, que más adelante se convirtió en lo que hoy se conoce como el partido Likud, liderado por Netanyahu. Sus fans son predominantemente judíos Mizhari, quienes llegaron a Israel procedentes de países de Oriente Medio y del norte de África y que fueron excluidos de la elite Ashkenazi.
En la mitad de los 70, Beitar ganó su primer campeonato nacional y el partido Likud gobernó por primera vez Israel, siendo Begin el primer ministro. La derecha nacionalista fue creciendo.
De acuerdo con Avraham Burg, un portavoz del parlamento israelí, el club debería ser visto bajo tres perspectivas. “Todo equipo de fútbol tiene un grupo extremista que son fanáticos. El espíritu de Beitar es interpretar a este grupo como religiosos, racistas, xenófobos, que odian el Islam. Por otro lado es Jerusalén. Mentes estrechas, limitadas, egoístas, donde las dos comunidades (judíos y árabes) están separadas. Este es un símbolo de un largo problema en Israel. Es una combinación de racismo y xenofobia, pero el racismo está conectado con la religiosidad extremista”.
"Los sentimientos anti-árabes en Israel están basados en un conflicto de intereses. No es porque ellos sean árabes o judíos, es porque están siempre en constante pelea por la propiedad de la tierra. En Europa, la islamofobia no está basada en un conflicto político histórico y militar” culmina Burg.
Regresamos al césped del Beitar, donde los juveniles ensayan penalties durante el atardecer. Allí, su entrenadora, Barbara Barashi asegura estar avergonzada por el incendio provocado. "No quiero gente que piense que todos deberíamos de ser así. Enseño a los niños que todos somos iguales", sentencia.







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