rr "El día que pare de correr será el día que muera" Fauja Singh - Comunicación Nerea Pita

25/2/13

"El día que pare de correr será el día que muera" Fauja Singh


Un turbante amarillo destaca entre los cientos de corredores que abarrotan las calles de Hong Kong. Desde Island Eastern Corridor hasta Victoria Park, Fauja Singh recorre sus últimos 10 kilómetros. La edad no perdona y sus 101 años de vida hacen mella en cada pisada. El maratonista más longevo del mundo está ante su última carrera. 


“The Turbaned Tornado”, apodo con el que se conoce a Fauja, no abandona el running por dolor. Él bien sabe lo que es ese sentimiento. Dolor es perder a tu mujer y ver a tu hijo decapitado. Éste es el motivo por el que emigró en la década de los 90 a tierras inglesas, concretamente a Ilford, donde vive con otro de sus hijos, Sukhjinder Singh. Y la razón también por la que corre. Para escapar del tormento que lo acompaña día tras día. “Me mudé a Inglaterra como una manera de superar un momento traumático en mi vida. Mi familia pensó que era lo mejor. Me fui para olvidar”. 

Fue una noche de 1994, en plena época de monzones en la región de Jalandhar, India. El fuerte viento, acompañado de una lluvia intensa, arrancó la hoja de metal de un tejado. Fauja, estupefacto, vio cómo la hoja se dirigía directamente hacia la cabeza de su hijo, decapitándolo ante sus propios ojos. La escena se proyectaba en su mente, fotograma a fotograma, recordando una y otra vez la pérdida del único hijo que vivía con él tras la muerte de su esposa Gina, dos años antes.  


Sus hijos decidieron que Fauja se mudara a Londres, pero el dolor de la pérdida no entiende de cambios de domicilios. “Mi mente seguía estando en la India”. Tenía que buscar una ocupación. “Necesitaba algo para distraerme” aseguraba él mismo en un reportaje de la ESPN. Y ese “algo” lo encontró en el running

Con 85 años empezó a correr junto a otros expatriados residentes en Londres, en un grupo que se hizo llamar “Sikhs in the City”. Cuatro años más tarde, en febrero de 2010, se apuntó a su primera maratón tras ver en la televisión a una masa de gente corriendo en pantalón corto y camiseta. La competición elegida sería la maratón de Londres. Sólo tenía 10 semanas para preparar a fondo la carrera, por lo que comenzó a entrenarse con el maratonista amateur Harmander Singh. 

6 horas y 54 minutos fue el tiempo de Fauja en su primera maratón, por detrás de los 4:48 del ganador. Al año siguiente, también en Londres, se convirtió en el maratonista más rápido mayor de 90 años. A partir de ahí comenzó su despegue mediático.



En sólo seis meses y medio disputó tres maratones, pero no sería hasta cruzar la línea de meta en Nueva York cuando sus fuerzas flaquearon. En ese momento y tras soportar los insultos del público por llevar un turbante, llamándolo incluso “Ossama” y “Saddam” en tono despectivo, Fauja decidió tomarse un respiro. Pero su entrenador tenía un objetivo en mente. Un récord. Sólo había que esperar.

Con 100 años, Fauja se convirtió en el corredor más longevo del mundo en acabar una maratón. Fue con sus 8:25 en la Toronto Waterfront, pero el Libro Guinness de los Récords jamás reconoció su hazaña. ¿El motivo? Fauja no tiene un certificado de nacimiento porque en la India no se expedían en aquella época. Lo único que podía aportar era el pasaporte en el que figura que llegó al mundo un 1 de abril de 1911. Para los directivos del Libro Guinness este documento no fue suficiente, pero para Adidas sí. La marca deportiva lo convirtió en el protagonista de su campaña “Impossible is Nothing”



A unos meses de cumplir 102 años, la edad lo ha alcanzado. “Correr es mi vida, pero la carrera se está poniendo difícil para mí” expresa Fauja en su Punjabi natal ya que no habla inglés, ni tampoco lo escribe, es el único pesar para el portador de la antorcha en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. 

“Estoy dolido por el hecho de retirarme. Tengo sentimientos encontrados, pero siento que debo retirarme en lo más alto. Aunque no me gusta la palabra ‘retirada’ porque todavía puedo correr y saltar para subir al autobús”. Sin embargo, hay un miedo que acecha a aquel hombre que un día dejó atrás Punjab. “Temo que cuando pare de correr, la gente no me ame más. De momento, todo el mundo me quiere. Espero que nadie me olvide o me ignore. Cuando te haces mayor, te conviertes en un niño y quieres atención”.



“Seguiré corriendo porque es lo que me mantiene vivo. La razón de mi buena salud es que hago ejercicio diariamente y sigo un régimen adecuado. Seguiré corriendo, al menos cuatro horas al día, por mi salud y también para inspirar a la gente” dice Fauja. 

Se resiste a dejar de correr, quizás, porque no pudo caminar hasta los 10 años. Durante su infancia, Fauja sólo era capaz de gatear y los niños de Beas Pind, su pueblo, le llamaban danda, “palo” en Punjabi. Los médicos aseguraron que nada se podía hacer y su familia estaba convencida de que el pequeño Singh se quedaría paralítico de por vida. Sin embargo, con cinco años se puso en pie, siendo capaz sólo de cojear, sin poder dar dos pasos seguidos, pero tuvo claro que jamás se volvería a sentar.  

Hoy, 91 años después y con nueve maratones en sus zapatillas, Fauja Singh pone punto y final a las competiciones, a los viajes, a los dorsales. Pero no a su vida ni a sus pisadas sobre el asfalto. Su pasión se acabará el mismo día que finalice su vida. “El día que pare de correr será el día que muera”.




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