Publicado en Quality Sport
“¡Voy a ganar La Vuelta!” exclamó un hombre mientras le cortaban el cabello en una peluquería de Calpe, Alicante. La rotunda afirmación resonó hasta en el Peñón de Ifach. Era Luis Ocaña, el ciclista de Priego conocido como ‘el francés’. El reto que tenía ante sí no era fácil, vencer al indestructible Eddy Merckx en La Vuelta a España de 1973, la única grande en la que se verían las caras, ya que el español no pisaría el Giro y el belga no iría al Tour. La expectación que se generó por el enfrentamiento entre ellos fue tal, que los aficionados no hablaban de ochenta corredores, sino de “78 y los dos”.
Poner frente a frente a los dos mejores ciclistas del momento no fue tarea sencilla para los organizadores de la carrera. Sin embargo, casi todo en la vida tiene un precio. El de Merckx se tasó en tres millones de pesetas y el de Ocaña, en uno, cantidad que los organizadores veían excesiva para el español. “Hicimos lo posible para traer a Merckx; después, vosotros, los periódicos os empeñasteis en que viniera también Ocaña, y aquí están los dos” dijeron Luis Bergareche, director de la carrera, y José Luis Albéniz, encargado de la organización de La Vuelta.
MERCKX, EL FAVORITO
La predilección por Merckx, por parte de la organización, no sólo se hizo evidente en pesetas, sino también en el trazado. La predominancia de tramos llanos y la existencia de sólo siete puertos de primera categoría de los 31 de montaña, le dejaron claro al ‘francés’ quién era el favorito en un recorrido con inicio en Calpe y final en San Sebastián.
“Merckx no tendrá nunca un trazado mejor” decía Ocaña, convencido de que La Vuelta de 1973 se había hecho para el belga. “Además de que no hay montañas, las contrarrelojes son cortas, lo que le va muy bien a él” sentenció mientras los mechones de su cabello caían sobre las baldosas de la peluquería.
El de Priego no se equivocó. Eddy Merckx vistió el maillot amarillo ya en el prólogo y en la primera etapa, donde sufrió una avería que le obligó a descolgarse del pelotón durante tres kilómetros. Con lo que no contaba ‘el Caníbal’ es que dos ciclistas iban a ponerle en apuros y que ninguno de ellos sería Ocaña.
El primero en despojar del torso de Eddy el color amarillo fue Karstens. El holandés se puso líder en la segunda etapa y sólo pudo lucir el maillot dos días, a pesar de ganar un total de cuatro etapas. El siguiente en vestirse con el color del sol fue José Pesarrodona del equipo KAS, convirtiéndose en el primer español en liderar La Vuelta de 1973. Pesarrodona se aferró al liderato con la misma firmeza que a su manillar. Desde Alcázar de San Juan a Empuriabrava, el español fue el líder indiscutible de la carrera durante nueve etapas consecutivas. En Manresa, Merckx volvió a recuperar el jersey amarillo con un único pensamiento en su cabeza: no soltarlo jamás.
¿DÓNDE ESTÁ OCAÑA?
Karstens, Merckx, Abilleira, Pesarrodona… varios nombres no cesaron de sonar entre los seguidores y periodistas de La Vuelta; sin embargo, poco se oía de las pedaladas de Ocaña. ¿Qué es lo que hacía la gran baza del ciclismo español?
Esta misma pregunta es la que se formulaban todos los aficionados a pie de carretera. La inexistencia de proezas del español fue tal, que hasta algunos dudaron de la participación de Ocaña en La Vuelta.
- Si no lo veo, no lo creo -le dijo un vizcaíno, oculto bajo una amplia boina, al corresponsal del diario Abc en el alto de Areitio- y el caso es que lo estoy leyendo todos los días en los periódicos.
- ¿Qué es lo que usted lee a diario, que no creía y que ahora, como Santo Tomás, cree después de haberlo visto con sus propios ojos? –le preguntó el periodista.
- Lo que yo leo es que nuestro compatriota Ocaña corre en esta Vuelta, pero como nunca cuentan que haga nada, había llegado a pensar si sería un bulo eso de que estaba corriendo aquí –confesó tras ver cómo desfilaba el pelotón a un escaso palmo de distancia-. Dígame, por qué cuentan ustedes con pelos y señales todos los pasos que da el belga ese que ni siquiera sé cómo se llama, porque un apellido con cinco consonantes y una vocal ya me dirá cómo se puede leer. Y si nos fijamos en el nombre… Total, tiene ocho consonantes y una sola vocal. ¿Por qué cuentan todo lo del belga ese y de Ocaña sólo nos dicen que va en la carrera?
- Es que el otro, el de las ocho consonantes, Eddy Merckx, es mucho belga –aseguró el corresponsal.
Ocaña tenía ante sí, todavía, dos oportunidades para demostrar a los aficionados más incrédulos que él estaba presente en la competición: la contrarreloj en Torrelavega y la denominada etapa reina, que incluía una sucesión de tres puertos de primera categoría, Alisas, Los Tornos y Orduña. Si el español desperdiciaba ambas ocasiones, la creencia inicial de aquel vizcaíno acabaría por convertirse en una realidad: Ocaña no estaba en esta Vuelta.
LA DECISIVA ETAPA DE MIRANDA DE EBRO
Tres fueron los verdaderos testigos del esperado duelo entre Merckx y Ocaña. Alisas, Los Tornos y Orduña. Los tres puertos de primera categoría pertenecientes a la etapa reina dejaron claro, incluso antes de disputarse la última contrarreloj, quien sería el ganador de La Vuelta a España.
La etapa no fue de nadie y, a la vez, fue de los dos mejores ciclistas del momento. Mientras el de Priego conseguía ponerse en cabeza de carrera en el Alto de Alisas, Merckx esperaba la oportunidad perfecta para sobrepasarlo. El momento idóneo llegó en Los Tornos, donde dejó atrás a su máximo rival y lo relegó a la quinta posición. El conquense se resistía a darse por vencido, sabía que el Alto de Orduña sería decisivo para ganar la etapa y La Vuelta. Ocaña se descolgó en solitario por la bajada de Osma, Espejo y Bergenda, realizando una formidable actuación que, sin embargo, no fue suficiente para poner tierra de por medio entre él y ‘El Caníbal’. Merckx, acompañado de Thevenet, logró cazar al español en este primer tramo, conformando una cabeza de carrera de lujo: el primero, el tercero y el cuarto de la clasificación general.
Las calles de Miranda de Ebro se convirtieron en el escenario perfecto para poder ver, más de cerca que nunca, la lucha entre los tres manillares. A sólo cien metros de la meta, todavía no podía definirse un ganador claro. Ocaña, Merckx y Thevenet se encontraban mano a mano en un “sprint” vital para la general. Apurando cada pedalada hasta la última milésima de segundo, Merckx consiguió hacerse con la etapa, Ocaña fue segundo y Thevenet, tercero; destacados con más de dos minutos y medio de ventaja sobre el primer grupo del pelotón.
Aunque todavía faltaba por disputarse la última etapa, todo se había decidido ya en Miranda de Ebro. El podio reflejó la posición en la que quedarían inscritos los tres corredores al finalizar La Vuelta. Los 127 km de Miranda a Tolosa y la posterior contrarreloj en San Sebastián no alteraron el orden de la clasificación general, liderada por Eddy Merckx, seguido del español Ocaña y con Thevenet como tercer clasificado.
Aquel “monstruo” sobre dos ruedas era imparable. Además de ganar La Vuelta, consiguió el primer puesto en las metas volantes, fue primero en la clasificación por puntos y líder también en la “combinada”. El único premio que se le resistió fue la clasificación de montaña, donde quedó segundo tras el heroico Abilleira, quien al margen de la batalla por el liderato en la clasificación general, se centró en su propia cruzada a través de los erizados montes.
El corredor belga deslumbró a los aficionados españoles, estupefactos ante aquel prodigio del ciclismo, que no concedía ni el mínimo reposo a sus rivales y que sabía esperar el momento perfecto para asestar una certera puñalada en la carretera. Sin embargo, el esperado duelo entre Merckx y Ocaña, que tanto revuelo había generado los días previos a la competición, no alcanzó el nivel esperado. Entre el belga y el español parecía alzarse un muro más alto que la montaña de Orduña. El de Priego, consciente desde un inicio que el trazado no le era favorable, fue incapaz de hacerle frente al “Caníbal” como lo había hecho previamente en la Semana Catalana.
Tras recorrer juntos las carreteras españolas, la senda de los dos mejores ciclistas de la época se bifurcaba. Ocaña tenía el punto de mira fijo en el Tour de Francia, que ya se le había resistido en 1971 tras sufrir una grave caída en Col de Mente cuando aventajaba en más de nueve minutos a Merckx. Por el contrario, el belga, quien ya había visto durante cuatro años consecutivos los Campos Elíseos desde lo más alto del podio, prefirió condensar sus fuerzas para el Giro. Sus caminos se separaban físicamente, pero para la historia del ciclismo siempre permanecerán unidos porque es imposible concebir a Merckx sin Ocaña y a Ocaña sin Merckx.
12/9/13
El duelo entre Merckx y Ocaña
20:17
Imágenes:
CycleSportMag
QualitySport
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