Los colores azules y blancos comenzaban a distinguirse en la oscuridad de la noche. Desde el segundo piso del autobús 259 dirección Lower Edmonton parecía más sencillo vislumbrar la figura de padres e hijos acudiendo juntos al campo de fútbol, siguiendo el sendero marcado por la luz tenue de las farolas de High Road y la cegadora iluminación de varios puestos de comida rápida.
"Tottenham Sports Centre", se escuchó en un perfecto inglés británico a través de los altavoces del autobús. Aproximadamente 20 personas salimos del 259 rumbo a White Hart Lane, el estadio del Tottenham Hotspur, en medio de una intensa nube cargada de un penetrante olor a hamburguesas, patatas fritas y cerveza.
A cada paso que dábamos, la multitud parecía aumentar más y más. Aficionados en los bares, en la tienda oficial del club adquiriendo los últimos detalles antes de entrar al campo. Resultaba imposible llegar a la sección 29 de la puerta este sin hacer auténticos malabares para evitar tropezar con alguien.
Una hora y media antes de empezar el partido, me senté en la soledad de la fila 11. El silencio reinaba en las gradas. Mis ojos dirigían su mirada hacia cada detalle del estadio, desde el palco presidencial hasta el lugar en el que los porteros del equipo rival se encontraban ensayando potentes disparos.
A pesar de la quietud, comenzaba a percibir algo distinto en el ambiente. Una sensación que no había sentido antes en un campo de fútbol. Quizás la cercanía al terreno de juego, el hecho de estar en Londres o saber que iba a presenciar un duelo entre dos equipos ingleses fueron algunos de los factores que desataron mi emoción.
Conforme iban llegando los aficionados a sus asientos, las voces de cada uno de ellos se unieron a los cánticos iniciados por el fondo sur, creando un impresionante coro que hacía retumbar las paredes de White Hart Lane.
"Oh, when the saints go marching in
Oh, when the saints go marching in
I want to be in that number
When the saints go marching in"
La calma que reinaba en el estadio cuando lo pisé por primera vez había desaparecido por completo para dar paso a un éxtasis de letras y melodías que circulaban de norte a sur, de este a oeste, fusionando las voces de todos los seguidores de los Spurs en una única garganta que expresaba a gritos el sentimiento de más de 36.000 corazones.
Imágenes:
Nerea Pita
Daily Mirror





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