Si un club ha estado siempre ligado a la palabra "épica" es el Real Madrid. Otros equipos han protagonizado grandes gestas deportivas, quizás algunos mucho mayores que las del club de Chamartín, pero nunca han adquirido tal relevancia ni se han señalado de forma tan excelsa como las proezas blancas.
Ayer, el Real Madrid volvió a meterse en una piel que le es conocida. La de la remontada. Con un marcador en contra, el equipo sacó casta y se plantó con un 3-2 ante el Manchester City. Aunque muchas veces hemos oído hablar de esas noches de gestas, de proezas blancas, hacía mucho tiempo que esa "piel" no veía la luz en partidos de Liga de Campeones. Parecían olvidados los ecos de aquella frase de Juanito "90 minuti en el Bernabéu son molto longo" ni su espíritu se dejaba ver por el estadio blanco.
90 minutos. Marcador en contra. Sacar casta de donde sea y ganar el partido. Para algunos se denomina proeza, para los madridistas también adquiere el nombre de "espíritu Juanito". El 7 Maravilla encarnaba esa furia, ese deseo de machacar al rival y de nunca rendirse ante un resultado adverso. Es cierto que en muchas ocasiones su temperamento se desató en exceso y cometió barbaridades, como el pisotón en la cabeza a Matthäus o la agresión al árbitro Adolf Prokov. Pero este artículo no se ciñe a ese aspecto de Juanito, sino al espíritu de entrega que tanto valoran los madridistas. Y no es de extrañar. En ocasiones, la afición ha visto cómo los vestuarios cruzaban la delgada línea que los separaba de auténticos camerinos donde la gomina, las luces o las camisas de Armani eran más relevantes que el compromiso con el club.
Como si estuviéramos de nuevo en la época de juglares, las épicas sobre los once hombres de blanco volvieron a narrarse. Y a los madridistas eso les gusta. La afición se ha acostumbrado a vivir con esos continuos amagos de ataque al corazón, con ese sufrimiento, que se ve aliviado únicamente con este tipo de victorias épicas. Es como una ritual: sufrir para ganar.
La afición echaba en falta ver ese compromiso de los jugadores, esas ganas de dejarse la piel en el campo por el club, de luchar por cada balón. Ayer esas imágenes del pasado volvieron a sucederse en sus cabezas. Lo único que esperan es que no hayan sido meros sueños, sino que a partir de ahora se constituya en una realidad.






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