rr Oscar Pistorius, una bala perdida - Comunicación Nerea Pita

8/4/13

Oscar Pistorius, una bala perdida

Reportaje publicado en Quality Sport

“He llegado a la conclusión de que el acusado debe ser puesto en libertad bajo fianza” pronunció el juez Desmond Nair. “¡Sí! ¡Sí!”, los gritos retumbaban en una de las salas del Tribunal de la Magistratura de Pretoria. Entre el júbilo de sus familiares y amigos, y la decepción de la Fiscalía, Oscar Pistorius, inmóvil, rompía a llorar. Regresaba a casa.

85.000 euros de fianza, retirada de pasaporte, imposibilidad de acercarse a su casa ni de hablar con los testigos, no podrá tener armas ni consumir alcohol, tendrá un oficial de vigilancia y deberá presentarse en la comisaría cada lunes y viernes hasta la celebración del juicio, prevista para el 4 de junio. Estas son las condiciones impuestas por el juez para que Pistorius abandone la comisaría de Brooklyn, donde permanecía retenido desde el 14 de febrero por el asesinato de su novia Reeva Steenkamp. El fatídico día de San Valentín podría costarle la cadena perpetua. El asesinato ya le ha supuesto a Pistorius su muerte en vida.



LA VERSIÓN DE PISTORIUS

Madrugada del jueves. Pistorius se levanta de la cama y se dirige al balcón, de pronto escucha un ruido procedente del lavabo. Asustado, coge su Parabellum 9 milímetros y se acerca a la puerta del baño. “Vi la ventana abierta y me inundó una sensación de horror y miedo al pensar que había un intruso en el aseo. Sentí terror. La habitación estaba a oscuras y tuve miedo de encender la luz. Pensé que Reeva estaba en cama” dice el atleta.

Sin tiempo para ponerse sus prótesis, cogió la pistola y disparó. “Me noté atrapado con la movilidad reducida de mis muñones. Tenía que proteger a Reeva y a mí”. Uno, dos, tres balazos a través de la puerta. Impactos en codo derecho, cadera y en la cabeza cerca de la oreja derecha, según confirma la autopsia. A gritos, le pidió a Reeva que llamase a la policía, pero nadie respondió. Consternado, se dirigió a la cama para llamar a su novia y vio que no estaba. “Fue entonces cuando me di cuenta de que era ella quien podía estar en el baño”.

Según Pistorius, salió al balcón a pedir ayuda. Desesperado, se colocó sus prótesis y cogió un bate de críquet para derribar la puerta tras haber intentado abrirla varias veces. Desplomada en el suelo, todavía con vida, estaba Reeva Steenkamp. Llamó al administrador de la finca y también a urgencias. “La cogí en brazos para llevarla al hospital. En la planta baja intenté darle la asistencia que pude, pero murió en mis brazos” aseguró el sudafricano.


LAS DUDAS DE LA FISCALÍA  

La Fiscalía asegura que Pistorius miente. “Se levantó, se puso las prótesis y recorrió siete metros para dispararle a una persona indefensa dentro de un espacio pequeño sin escapatoria posible”, aseguró el fiscal Gerrie Nel. “De ninguna forma fue en defensa propia”, añadió. Nel no paró de cuestionarse por qué un ladrón se iba a encerrar a sí mismo en el baño y por qué, al lado de Reeva, había dos teléfonos móviles.
La trayectoria descendente de las balas muestra que Pistorius disparó con las prótesis puestas. La Fiscalía sostiene que no hay registrada ninguna llamada a urgencias desde el móvil del atleta. Además, dos testigos escucharon gritos procedentes de la casa de Oscar y uno de ellos afirmó que entre los disparos llegaron a pasar hasta 17 minutos. Sin embargo, la Fiscalía no sabía que su detective y principal testigo, Hilton Botha iba a ayudar, sin pretenderlo, a obtener la libertad bajo fianza de Pistorius.


LA ESTRATEGIA DE LA DEFENSA

La gran baza de la defensa se llama Barry Roux. El abogado de Oscar Pistorius es conocido por ganar juicios de gran repercusión social, que aparentemente tenían todas las de perder.  Libró de la cárcel a Mankazana, el chófer que estrelló el coche donde viajaba la bisnieta de Mandela, Zenani, quien falleció. Defendió también a Dave King, propietario del Glasgow Rangers, acusado de defraudar 60 millones de libras al Servicio de Impuestos de Sudáfrica.

En el caso Pistorius, su estrategia se sustenta en que la muerte de Reeva fue un accidente Él la amaba y jamás le haría daño. Pone de relieve también la excesiva preocupación del atleta por su seguridad, víctima de violencia, robos y amenazas de muerte. “¡Nada como llegar a casa, escuchar la lavadora y pensar que hay un intruso e ir en modo de reconocimiento hasta la despensa!” escribía en su cuenta de Twitter el 27 de noviembre, dejando bien clara su obsesión, en un país donde los robos con violencia están a la orden del día y que presenta uno de los índices de homicidio más altos del mundo.

Roux ha desmontado teoría por teoría a la Fiscalía y en Hilton Botha, detective de la investigación, ha tenido un inesperado aliado.  “No hay elementos que contradigan la versión de la muerte por accidente” admitió el detective al juez. Tras conseguir esta importante declaración, Roux atacó a la Fiscalía asegurando que los investigadores no analizaron los móviles del atleta, que los vecinos tomados por testigos viven a más de 300 metros de la casa por lo que es imposible que escucharan discusiones y disparos y, lo que es más grave, la Policía contaminó pruebas. Botha lo corroboró: “Sí, entré en la escena del crimen sin los protectores en los zapatos”.  El juez no daba crédito.

Después de dar estas jugosas declaraciones, Hilton Botha fue apartado del caso al conocerse que tiene pendientes siete cargos por intento de homicidio al disparar contra un minibús durante una persecución.
Roux ha conseguido la libertad bajo fianza para Pistorius, que no es poco, aunque  de lo que no podrá librar al atleta es de su caída en picado.





LA CAÍDA DEL MITO SUDAFRICANO

Adiós a las carreras. Adiós a los patrocinios. Adiós al orgullo nacional. Adiós al mito. El icono sudafricano cae a la misma velocidad que alcanzan sus prótesis en plena competición.

Como sucedió con el reciente caso de Lance Armstrong, Pistorius también ha visto cómo sus sponsors lo iban abandonando uno a uno. Primero Oakley, luego Nike. Tras la retirada del anuncio “I am the bullet in the chamber” (“Soy la bala en la recámara”), la marca deportiva decide romper su total vinculación con Pistorius: “Nike ha suspendido su contrato con Oscar Pistorius. Consideramos que deben concederse todas las garantías procesales a Oscar y seguiremos atentamente la evolución de la situación”. Además, Nike confirmó a The Associated Press la cancelación de todos los eventos y campañas con el atleta.

“Después de los trágicos sucesos, hemos decidido que no hay otra opción que cancelar todas las carreras en la que tenía previsto competir, para poder permitirle concentrarse en los procesos judiciales” confirmó Peet van Zyl, el representante de Pistorius. El atleta tampoco volverá a los entrenamientos. “Oscar está todavía en un profundo duelo y no podrá, de ninguna manera, volver a entrenar pronto", dijo Lunice Johnston, portavoz del atleta, en el diario sudafricano Beeld.

Pero más allá de las competiciones o de los patrocinadores, lo más doloroso para Pistorius es ver cómo ha pasado de héroe mundial a villano. Sudáfrica está consternada y el resto del mundo estupefacto.
“Ese momento inimaginable cuando tu hijo de 6 años te pregunta por teléfono qué es lo que le ha pasado a su héroe” escribía en su Twitter Benita Levin, editora del diario sudafricano Eyewitness News. La pregunta del niño de Levin es la misma que nos hacemos todos. “No podemos creerlo. Saber que Pistorius está acusado de asesinato es como enterarse de que el arzobispo Desmon Tutu fue sorprendido robando una caja registradora. Estamos estupefactos” decía el diario Times.  “Los hombres lo admiraban, las mujeres lo adoraban, los niños discapacitados se inspiraban en él. Era un brillante ejemplo de cómo extraer lo mejor de uno mismo más allá de las adversidades” proseguía el periódico.

En Sudáfrica era más que un icono deportivo, era un ejemplo a seguir.  Desterró la palabra “imposible” del diccionario y demostró que aquel niño que con 11 meses se quedó sin piernas era capaz de absolutamente todo, hasta de disputar unos Juegos Olímpicos de igual a igual.  Representaba la cara amable del país, la modernización de Sudáfrica, el futuro de un lugar azotado por el apartheid y por la violencia, que vio por primera vez signos de unión nacional en una final de rugby, con François Pienaar en el campo y Nelson Mandela en el palco. Pistorius era la siguiente piedra en ese camino iniciado en 1995, pero Blade Runner decidió desviarse de ese sendero y convertirse en Blade Gunner.



* Este reportaje es el inicio de la cobertura del caso de Oscar Pistorius que podéis seguir día a día en el blog.


Imagen:
Quality Sport

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