Podría decirse que es la crónica de un despido anunciado. Era cuestión de horas que Míchel fuera cesado como entrenador del Sevilla por el presidente, José María Del Nido. Tan rápido fue el "adiós" a Míchel como el "hola" a Unai Emery. El ex del Valencia y del Spartak desembarca en la ciudad hispalense hasta junio de 2014.
El recambio estaba claro, consensuado y decidido, aunque el comunicado del Sevilla pareciera decir que la contratación de Emery se realizó tras el despido del madrileño: "El comité ejecutivo del club [...] acordó esta tarde el cese de Míchel y la negociación con Emery, que ha llegado a buen puerto". En el momento que se anunciaba el despido de Míchel, se confirmaba la contratación de Emery, calificado por el Sevilla como "un técnico fiable para momentos difíciles". No voy a dudar de la calidad del eslogan, ni de la de Emery; a mi juicio, un entrenador poco valorado en este país. Sin embargo, no es del todo elegante contratar a un entrenador mientras un compañero está tratando de salvar su puesto.
Aunque, tampoco debería pillarnos por sorpresa. Esta práctica está más que a la orden del día en las contrataciones de técnicos. Quizás sea una consecuencia del mundo en el que vivimos, mundo en el que la caballerosidad, entre otros valores, parece haber caído en un profundo olvido.
Hace unos días, todavía Míchel decía que, a pesar de los malos resultados, seguía teniendo el apoyo del club y de los jugadores. "Mis jugadores han demostrado que están a favor del entrenador", pero era consciente de la verdadera situación del club: "Pero no hay que apartarse de la realidad. Si los resultados no funcionan, lo lógico es que cambien las cosas". Y así ha sido. Los malos resultados obtenidos han hecho insostenible la situación del Sevilla, duodécimo y a seis puntos del descenso, y ha ahogado hasta la más mínima posibilidad de que Míchel pudiese permanecer sentado en el banquillo.
Antes hablaba de elegancia y si a algunos les falta, a otros les sobra, y no sólo en el vestir. Míchel es un ejemplo perfecto con esta carta de despedida dirigida al Sevilla:
"Hace poco más de un año vine a Sevilla con la ilusión de un niño. Ahora que me voy, veo toda esa ilusión multiplicada y convertida en sentimiento, ese que nos llevamos todos los que tenemos la oportunidad de trabajar en este Club y vivir esta maravillosa ciudad.
Tras mi periodo como entrenador del SEVILLA FC, no tengo más que palabras de agradecimiento para todos aquellos que han colaborado conmigo durante este tiempo y algo más importante: a los que me han contagiado este sentimiento de compromiso por este escudo.
Presidente, Consejeros, Dirección deportiva, mis jugadores y colaboradores directos, empleados y aficionados de este Club... mi gratitud para todos.
Disfrutad de la pasión don la que vive esta afición, escuchad y sentir el himno del Centenario y ser uno más de vosotros; no tiene precio. Somos un Club grande y los que venimos de paso lo apreciamos, será imposible olvidarlo. Por eso estaremos aquí para siempre.
Recibido el cariño y con el poso de amargura que dejan los resultados -los únicos jueces válidos- mi pena se mezcla con alegría por la experiencia de haber compartido este tiempo con vosotros.
Por todo esto y por todo lo que me llevo conmigo para siempre.
MUCHAS GRACIAS
VAMOS MI SEVILLA!!!! VAMOS CAMPEÓN !!!"
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