rr La historia de Javier Gómez Noya y la medalla más ansiada - Comunicación Nerea Pita

8/8/12

La historia de Javier Gómez Noya y la medalla más ansiada


Todos ansían ganar el oro en unos Juegos Olímpicos, lo que equivale a alcanzar la gloria deportivamente hablando, pero pienso que la gloria también se alcanza cuando te has dejado la piel en cada brazada, en cada pedalada y en cada paso para alcanzar la meta. Es lo que ha hecho Javier Gómez Noya, plata en Triatlón masculino en los JJOO de Londres 2012, no sólo durante esta carrera, sino durante toda su vida. Desde que comenzó su andadura en el mundo del Triatlón en 1998 hasta que consiguió colgarse al cuello una medalla olímpica, pasando por el duro trance de verse apartado de la competición por el Consejo Superior de Deportes debido a una anomalía cardiaca.


Este ferrolano nacido en Suiza lleva haciendo historia desde hace bastantes años. Quizás para muchos fuese un desconocido hasta ayer y a partir de hoy comiencen a preguntarse quién es “ese tal Javi”. Para otros, tristemente, seguirá siendo un desconocido para el que la gloria durará lo que su hashtag en Twitter. Prefiero quedarme con los primeros, con los que les pica la curiosidad, y principalmente hacia ellos dirijo este artículo porque, como decía algún profesor en clase, creo que su historia merece ser contada. 

Como otros tantos niños de Ferrol, Gómez Noya acudía al club de natación de la ciudad para entrenar. Sabedor de su potencial, algún “visionario” le habló de un deporte que para muchos era totalmente desconocido, el Triatlón. Con 15 años, esta disciplina que reúne la natación, la bicicleta y un segmento a pie logró enganchar al ferrolano de tal manera que, desde aquel momento, supondría el epicentro de su vida. En muy poco tiempo, el gallego se erigía como la gran promesa del triatlón español. 



Pero su vida dio un giro radical cuando en una concentración de la selección juvenil (diciembre 1999) se le detecta una anomalía cardiaca y lo declaran “no apto” para la competición, con la consiguiente retirada de su licencia por parte del CSD (Consejo Superior de Deportes). Tres nuevas palabras aparecen en la vida de Gómez Noya: valvulopatía aórtica congénita*.  Tenía dos opciones. O derrumbarse. O luchar por volver a la competición. Eligió la segunda y tres años después de la inhabilitación recupera la licencia. Ese mismo año (2003) consiguió el Mundial sub-23 con sólo tres semanas de preparación. El objetivo ahora era asegurar su presencia en los JJOO de Atenas 2004.

Pese a los éxitos conseguidos y demostrar que su anomalía cardiaca le permitía competir, Alfonso Andreu, responsable técnico de la Federación Española de Triatlón (FETRI), decide dejarlo fuera de la lista. Sorprende que no se convoque al mejor triatleta español para unos Juegos Olímpicos, pero Gómez Noya tuvo que ver cómo se le escapaba la oportunidad de hacer historia, oportunidad que tendría en Pekín 08’ y que finalmente alcanzaría en Londres 12’.


El triatleta español ve truncado su sueño de debutar en unos JJOO, desilusión que se une a una nueva retirada de licencia en 2005 por los informes de Araceli Boraíta, jefa de Cardiología del CSD. Javi se ve obligado a buscar nuevos informes médicos que avalen su capacidad para competir, mientras se inscribe en una carrera privada en Francia, en la que consigue la victoria. Dos doctores reafirman la teoría del triatleta. En Pontevedra, el doctor Nicolás Bayón y en Gran Bretaña del cardiólogo William McKenna. 

Finalmente, el CSD decide darle de nuevo la licencia pero "a cuenta y riesgo del triatleta", lavándose totalmente las manos en caso de sufrir algún percance físico Javier. Con la licencia de nuevo en sus manos, comienza el despegue del mejor triatleta español de todos los tiempos. Proclamándose campeón del Mundo en dos ocasiones (2008 y 2010); campeón de Europa en 2007, 2009 y 2012; alzando 12 Copas del Mundo de Triatlón… y muchos más títulos que llenarían este párrafo. 

Al margen de los títulos con nombre propio, lo realmente importante es que ayer el esfuerzo, la lucha y la perseverancia tuvieron su recompensa, en este caso, en forma de medalla olímpica. El único título para el que todavía quedaba un hueco reservado en su “estantería de trofeos” y que por fin, se ha llenado.



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