rr Fanny Blankers-Koen, la mamá voladora - Comunicación Nerea Pita

28/2/12

Fanny Blankers-Koen, la mamá voladora


Mujer casada, madre de dos hijos y treintañera. Ése es el perfil de la primera mujer que consiguió cuatro oros en unos Juegos Olímpicos, los de Londres 48’. Algunos la conocen como ‘la mamá voladora’, pero su verdadero nombre es Fanny Blankers-Koen. Una holandesa, que vio frenado su potencial deportivo por el estallido de la Segunda Guerra Mundial.  


Con sólo 17 años, Fanny destacaba en gimnasia, esgrima y natación, pero haciendo caso a su profesor probó con el atletismo. En esa disciplina conoció al que sería su marido, el preparador y comentarista deportivo Jan Blankers, un verdadero detractor del deporte femenino. Fanny cambiaría la visión de su marido y también la del resto del mundo, demostrando que el deporte no era sólo cosa de hombres.  

Debutó en los Juegos Olímpicos de Berlín (1936), donde conoció a su ídolo, Jesse Owens, y allí comenzó a forjar su leyenda. Sin embargo, el estallido de la Segunda Guerra Mundial obligó a suspender las Olimpiadas de 1940 y 1944 e impidió que Fanny deslumbrase al mundo. En medio del caos, los enfrentamientos bélicos y las hambrunas, la atleta se casó con Jan Blankers y tuvo a su primer hijo en 1941. Pero ser ama de casa no le impedía ser deportista, aunque el resto de la sociedad no lo viera con buenos ojos. 


Comenzó a entrenar a las pocas semanas de dar a luz y al año siguiente igualó el récord del mundo de 80m vallas. En toda su carrera llegaría a batir un total de 20 récords mundiales. En 1946 volvió a ser madre y ya con treinta años llegaría su momento de máximo esplendor. Aquella mujer que tímidamente le pidió un autógrafo a Jesse Owens, no podía imaginar que 12 años después igualaría su hazaña. Sería en Londres, en el estadio de Wembley y con el dorsal 692 pegado al pecho.


Y llegó el día. Sobre la pista ceniza totalmente embarrada, Fanny consiguió el primer oro olímpico  para una atleta holandesa en los 100m. Ya había hecho historia, pero ella, mujer obsesionada con el triunfo, quería más. La siguiente prueba eran los 80m valla, pero tenía a una dura rival en la línea de salida, la británica Maureen Gardner. 


Sonó el pistoletazo de salida, pero Koen se quedó algo rezagada, pensando que su salida había sido nula. Viendo que la carrera continuaba, intentó remontar el tiempo perdido valla tras valla hasta alcanzar a Gardner en la línea de meta. Al concluir sonó el himno británico y Fanny se derrumbó. Lo que no sabía era que sonaba porque la familia real británica acababa de entrar en el estadio, no porque Gardner fuese la ganadora. La foto final dictaminó que el oro recaía de nuevo en la holandesa. 

Años después, Koen reconoció que en ese momento, tras conseguir su segundo oro, quiso abandonar la cita olímpica por sus hijos, no aguantaba más estar separada de ellos. Sin embargo, su marido fue claro con ella: “si quieres nos vamos a casa, pero te vas a arrepentir toda tu vida. Fue lo mejor que me pudo haber dicho”, dijo Fanny en una entrevista.

Era 6 de agosto y Wembley recibía a las atletas de los 200m bajo una impresionante tromba de agua. Empapada y con las zapatillas llenas de barro, Fanny realizó la más asombrosa carrera de esa categoría vista en unos Juegos Olímpicos. Nunca nadie había logrado sacarle siete décimas a la segunda clasificada. El tercer oro olímpico relucía ahora más que nunca bajo la lluvia de un Londres desolado por la guerra. Lo único que le quedaba por ganar era la carrera de relevos con un equipo formado al completo por amas de casa como ella. Fanny sería la última en coger el testigo.  Empezó el espectáculo, pero Holanda se quedaba por detrás de Australia y de Canadá. El testigo fue pasando de mano en mano hasta llegar a la holandesa de cabellos rubios, que con sus impresionantes zancadas alcanzó a sus rivales y consiguió el primer puesto.


Aquella corpulenta mujer de shorts naranjas con una estrecha camiseta blanca, había logrado lo que nadie esperaba de ella: cuatro oros en los mismos Juegos Olímpicos, igualando así a su ídolo, Jesse Owens. Fanny Blankers-Koen marca un antes y un después en el deporte femenino. Su entereza, su sacrificio y sus logros convencieron a la sociedad de que la mujer también podía dedicarse al deporte.  

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