Mujer casada, madre de dos hijos y treintañera. Ése es el perfil de la primera mujer que consiguió cuatro oros en unos Juegos Olímpicos, los de Londres 48’. Algunos la conocen como ‘la mamá voladora’, pero su verdadero nombre es Fanny Blankers-Koen. Una holandesa, que vio frenado su potencial deportivo por el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Con sólo 17 años, Fanny destacaba en gimnasia, esgrima y natación, pero
haciendo caso a su profesor probó con el atletismo. En esa disciplina conoció al
que sería su marido, el preparador y comentarista deportivo Jan Blankers, un
verdadero detractor del deporte femenino. Fanny cambiaría la visión de su
marido y también la del resto del mundo, demostrando que el deporte no era sólo
cosa de hombres.
Debutó en los Juegos Olímpicos de Berlín (1936), donde conoció a su
ídolo, Jesse Owens, y allí comenzó a forjar su leyenda. Sin embargo, el
estallido de la Segunda Guerra Mundial obligó a suspender las Olimpiadas de
1940 y 1944 e impidió que Fanny deslumbrase al mundo. En medio del caos, los
enfrentamientos bélicos y las hambrunas, la atleta se casó con Jan Blankers y
tuvo a su primer hijo en 1941. Pero ser ama de casa no le impedía ser
deportista, aunque el resto de la sociedad no lo viera con buenos ojos.
Comenzó
a entrenar a las pocas semanas de dar a luz y al año siguiente igualó el récord
del mundo de 80m vallas. En toda su carrera llegaría a batir un total de 20
récords mundiales. En 1946 volvió a ser madre y ya con treinta años llegaría su
momento de máximo esplendor. Aquella mujer que tímidamente le pidió un
autógrafo a Jesse Owens, no podía imaginar que 12 años después igualaría su
hazaña. Sería en Londres, en el estadio de Wembley y con el dorsal 692 pegado
al pecho.
Y llegó el día. Sobre la pista ceniza totalmente embarrada, Fanny
consiguió el primer oro olímpico para
una atleta holandesa en los 100m. Ya había hecho historia, pero ella, mujer
obsesionada con el triunfo, quería más. La siguiente prueba eran los 80m valla,
pero tenía a una dura rival en la línea de salida, la británica Maureen
Gardner.
Sonó el pistoletazo de salida, pero Koen se quedó algo rezagada,
pensando que su salida había sido nula. Viendo que la carrera continuaba,
intentó remontar el tiempo perdido valla tras valla hasta alcanzar a Gardner en
la línea de meta. Al concluir sonó el himno británico y Fanny se derrumbó. Lo
que no sabía era que sonaba porque la familia real británica acababa de entrar
en el estadio, no porque Gardner fuese la ganadora. La foto final dictaminó que
el oro recaía de nuevo en la holandesa.
Años después, Koen reconoció que en ese
momento, tras conseguir su segundo oro, quiso abandonar la cita olímpica por
sus hijos, no aguantaba más estar separada de ellos. Sin embargo, su marido fue
claro con ella: “si quieres nos vamos a casa, pero te vas a arrepentir toda tu
vida. Fue lo mejor que me pudo haber dicho”, dijo Fanny en una entrevista.
Era 6 de agosto y Wembley recibía a las atletas de los 200m bajo una
impresionante tromba de agua. Empapada y con las zapatillas llenas de barro,
Fanny realizó la más asombrosa carrera de esa categoría vista en unos Juegos
Olímpicos. Nunca nadie había logrado sacarle siete décimas a la segunda
clasificada. El tercer oro olímpico relucía ahora más que nunca bajo la lluvia
de un Londres desolado por la guerra. Lo único que le quedaba por ganar era la
carrera de relevos con un equipo formado al completo por amas de casa como
ella. Fanny sería la última en coger el testigo. Empezó el espectáculo, pero Holanda se quedaba
por detrás de Australia y de Canadá. El testigo fue pasando de mano en mano
hasta llegar a la holandesa de cabellos rubios, que con sus impresionantes
zancadas alcanzó a sus rivales y consiguió el primer puesto.
Aquella corpulenta mujer de shorts naranjas con una estrecha camiseta
blanca, había logrado lo que nadie esperaba de ella: cuatro oros en los mismos
Juegos Olímpicos, igualando así a su ídolo, Jesse Owens. Fanny Blankers-Koen marca
un antes y un después en el deporte femenino. Su entereza, su sacrificio y sus
logros convencieron a la sociedad de que la mujer también podía dedicarse al
deporte.









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